
El hermano pequeño del Primavera Sound, así le llaman al primavera club, una delicatesen que nos regala la organización del festival GRANDE (sí, literalmente y sintácticamente) durante una de las semanas del otoño español. La principal característica de este Primavera Club es reunir a artistas que han tenido una especial acogida en alguna edición pasada del Primavera Sound, o que a raíz de la terca petición de los participantes en el foro del festival (melómanos compulsivos adorables) son fichados al cartel, pero la máxima una vez más es arriesgar por artistas poco conocidos cuyos discos son auténticas joyas por descubrir, algunos de ellos inclusive desvirgándose en España en esto de tocar en vivo frente a un público cómodamente acomodado en un precioso auditorio.
La gripe traicionera y un virus desconocido hicieron que nos perdiéramos las presentaciones de gente como The New Pornographers (a los que pudimos ver el año pasado dentro del cartel del mismo Primavera Club) y No Age, además de varias bandas más que tocaron durante la semana, una pena. Lo que viene a continuación es un resumen de lo que pudimos disfrutar de la edición de este año:
RUIZ PANTALEÓNEl nuevo proyecto del guitarrista de la excelente banda barcelonesa 12TWELVE Jaime Pantaleón y Maxi Ruíz (Ferenc) se presentaba en absoluto debut frente a un auditori aún a medio aforo debido a la hora. Durante menos de una hora (¿minimal tech, minimal expo?) pudimos disfrutar de los desparrames-guitar-hero con moogerfooger a los que ya nos tiene acostumbrados Jaime en su proyecto principal, todo esto ferozmente atacado por las bases electrónicas de Maxi que, parapetado detrás de una I-Mac e intentando escapar del humo que no se quiso irse durante todo el festival, disparaba secuencias, samplers y demás armamento de bits. Un concierto que nos hizo intentar localizar de inmediato una copia del disco que hace ya algún tiempo vio la luz en España.
BRACKENAnte el retraso de John Vanderslice que estaba programado para tocar después de Ruiz Pantaleón no le quedó otra a los Bracken que cubrir su horario y reemplazarlo. A pesar de que en disco el proyecto de Chris Adams de Hood es bastante disfrutable, en vivo nunca llegamos a cogerle el pulso, sus canciones se tornan en exceso distendidas, como si siempre trazaran el camino pero nunca llegaran a algún lado, eso aunado a presentarse inmediatamente después de una banda con muchas similitudes estilísticas hizo de la presentación de Bracken algo bastante desabrido y por momentos indiferente, lo que suele ser peor que llegar a ser simplemente malo. Otra vez será.
JOHN VANDERSLICEEl concierto de Vanderslice fue algo así como ver jugar por internet a la selección peruana, jugó bonito, con pases impecables, pero le faltó siempre el puntillazo final, que estuvo más cerca que nunca cuando a mitad del concierto Vanderslice y cía. decidieron bajar del escenario y tocar unas cuantas canciones en medio del público, convirtiendo su sonido en lo que realmente es, un sonido que suena mejor limpio, puro, hasta cantautoril si me permiten la barrabasada. Ahí fue cuando tiró todos los tiros al palo, pero arriba en el escenario del auditori, increíblemente inundado de una atmósfera de luces oscuras y con una ecualización de vitrina shopping center las canciones de Pixel Revolt y Emerald city (dos discos que crecen con el tiempo) sonaron demasiado plastificadas, demasiado ajenas. Al final un buen concierto que pudo ser grande.
EARTHLlegaba el turno para la banda que ha hecho un evangelio a base del drone y del minimalismo campestre, los 5 integrantes de Earth se plantaban encima del escenario a inundar todo de repetición y compases largos y lentos. Contundencia sísmica que hizo que algunos de los presentes entrarán en una especie de trance chamánico (al lado mío un niño acostado sobre el suelo con los ojos cerrados parecía expulsar baba blanca por la boca) y algunos otros en la desesperación absoluta. Estar en un concierto de esta banda es difícil, lo amas o lo odias, te aburres o te concentras, la verdad es que al final me quedó la sensación de haber presenciado algo muy bueno, de haber sido transportado a un raro desierto en cuya realidad paralela avivada (o denostada según se vea) conviven baterías a ralentí y trombones que retumban en el pecho.
LIARSEsperábamos con ansias a Liars, su carrera discográfica era una motivante excusa para proyectar este concierto como uno de los mejores del festival. Su última placa – donde vuelven a girar la tuerca de sorpresiva manera – ha sido una de las más gratas experiencias sonoras de este año y nos preguntábamos como podría ser su presentación.
Odio cuando en un concierto la banda no sale al completo desde un primer momento, el ejercicio de provocar no se qué especie de teatro del misterio dejando al vocalista tras bambalinas mientras la banda empieza los primeros acordes me parece algo tonto y sobreactuado, más de concierto en estadio que de una banda que viene a darlo todo y a defender un repertorio. Así pues, cuando el 99% de Liars salió a escena más no su vocalista ya intuía por donde iban a ir los tiros, poco después apareció un Angus Andrew vestido de traje blanco impoluto acercándose al micrófono casi reptando en lo que parecía haberse convertido en una pasarela y ya no un escenario.
El concierto de Liars fue bueno, no lo vamos a negar, íntegro, con bases afiladas a base de una guitarra demoledora y algunas secuencias que empapaban de distorsión cada una de sus canciones, destrozaron en mil pedazos las pocas excusas de algunos para incluirlos en el saco del “punk funk” de marras, eso sí quizá se hizo demasiado corto (buena señal en todo caso) pero de no haber sido por la pose “miren que raro y loco estoy” de su vocalista a mi me parece que otro gallo hubiera cantado encima del auditorio del fórum de Barcelona, en todo caso me quedo con lo bien que sonaron canciones como Plaster casts of everything y ese indescifrable cover de The Doors que más que un hecho pareció una leyenda urbana después del concierto por su inenarrable re - interpretación.
THE PONYSA cocachos aprendí mi labor de colegial, en el colegio fiscal del barrio en que nací.
A puñetazo limpio, como enzarzados en una mecha descomunal no se sabe contra quien, así arrancaron los Ponys. Ya desde que el guitarra interrumpió abruptamente con acoples varios y distorsión al dj de turno intuíamos a lo que había venido la banda. Su power “todo” salpicado de pop actuó de refrescante demoledora después de haber estado plácidamente sentados en el auditori (este concierto se hizo en una sala normal, es decir donde puedes saltar y berrear un poco). Con un falso final aplastante (incluida la destrucción de la batería) la banda nos recordó que ya estaba bien de silencios respetuosos. Como llegaron se fueron, rápido pero como se disfrutó.
PARTS AND LABORA pesar de que el sonido no estuvo del todo de su lado Parts and Labor salió a defender su último LP – Mapmaker – con pelotas y mucha actitud, si bien es cierto que las demagogias rítmicas del baterista no eran de nuestro total agrado, el núcleo de la banda - que se centra en un bajo procesado, ensuciado y finalmente escupido de distorsión y unos teclados que pierden el nombre en cada acorde- nos encantó. Es de agradecer que se desvirguen este tipo de bandas dentro de un festival, ahí radica justamente el encanto de este Primavera Club.
JOSEPH ARTHURVaya estafa. Que sí, que está bien traer dos rubias guapas que sepan menear la guitarra y el bajo entre las piernas (lo de la bajista daba un poco de asquito la verdad) pero al menos defiende tu repertorio sinceramente y no bañándolo de grandilocuencia y pose rock star. Menos pelucas de colores, corte de pelo ingenioso y más buena música.
Lo de Joseph Arthur sonó a rock para las masas del más pobre y mustio, más cerca de banda heavy sin gusto que de Queen y esos coros femeninos por dios, la oveja negra del festival en negativo.
DEERHUNTEREn disco no nos habían llamado demasiado la atención y nos temíamos de Bradford Cox ( su vocalista y compositor) algo parecido a lo que pasó con Angus de Liars, alguien que iba a salirnos a exhibir su compleja personalidad y sus movimientos matemáticos de baile (no ayudaba el hecho de haber sido relacionado en algún momento con la pedofilia y haberlo visto travestido en alguna que otra presentación).
Estúpidos prejuicios los nuestros que quedaron a un lado en cuanto la banda empezó a tocar el que sería el último concierto antes de entrar en una especie de “Hiato” que los tendrá fuera de los escenarios por tiempo indeterminado. En vivo Deerhunter parece arrinconar sus canciones contra una base rítmica donde el bajo juega un papel principal (O es eso o es que el sonidista así lo tenía pensado), en todo caso dieron la talla en una presentación de lo más modesta y basada principalmente en la defensa de unas canciones que a pesar del barullo que llevan por encima resbalan de vez en cuando en melodías perfectamente bailables (la misma Cryptograms por ejemplo). Grata sorpresa.
THURSTON MOOREVer a Sonic Youth en concierto o a Thurston Moore en este caso es como tener nuevamente la esperanza de que las bandas legendarias (porque Sonic Youth es desde hace mucho una banda legendaria) siguen tocando porque aman la música. Otra vez el sr. Thurston Moore demostró en Barcelona que ganas le sobran y talento no menos. Con una banda de auténtico lujo que incluía a Chris Brokaw (de Come) en la guitarra, Samara Lubelski (que colabora con Tower Recordings y MV & EE) en el violín,y el gran Steve Shelley en la batería, Moore desgranó Trees outside the academy – su último trabajo – de inmejorable manera.
Lo llevó por donde quiso, desde el folk a medio tiempo y el pop de bajo trotón hasta reincorporar la disonancia y la distorsión, pero esta vez colgándose una guitarra acústica al hombro. Sonaron casi todas las canciones de su último disco en solitario más unas cuantas de Psychic Hearts, su anterior LP de “canciones”. En fin, nosotros recuperamos la ilusión y Thurston –cada vez que lo vemos- parece recuperar la juventud, genial.